
En el mundo numismático, el valor de las piezas suele ser menos claro que en el mercado de valores. Esto es, en la televisión no suele aparecer información clara de a cuanto se cotizan determinadas piezas, como si que aparece a cuanto están, hora tras hora, las acciones de Telefonica.
Esto hace que sea especialmente importante para el inversor ir creando un criterio propio, y una base de conocimientos suficiente para moverse en el mercado sin ser "esquilmado".
Igualmente, esta falta de transparencia y de visibilidad hace que la confianza respecto a nuestro interlocutor sea uno de los valores más importantes a la hora de comprar y vender monedas.
En general, a la hora de comprar o vender piezas recomiendo andar con tiento y no fiarse ciegamente de lo que nos digan terceras personas. Resumiendo, es un sano habito mantener en duda la veracidad de lo que nos cuenten compradores o vendedores que estén directamente implicados en el negocio. Esto es, si alguien pretende vendernos una moneda de 10 reales de Isabel II vía correo, mal haríamos en creerle a pies juntillas en aspectos clave para el negocio, como pueden ser: primero, el estado de conservación de la pieza sin verla realmente, y segundo, su tasación estimada.
Una vez que hayamos tratado ampliamente con el vendedor o con el comprador, que el vinculo haya sido afianzado y hayamos constatado que "es de fiar", es decir, que no tiende a darnos gato por liebre, podremos poco a poco ceder cierta confianza y fiarnos de lo que nos dicen, si bien, mientras sea nuestro dinero el que se invierte, recomiendo analizar las piezas con la mayor objetividad y no dejarnos llevar por opiniones interesadas.